La historia de los conejos de Pascua en ingles

Feeling guilty about arriving late one spring, the Goddess Ostara saved the life of a poor bird whose wings had been frozen by the snow. She made him her pet or, as some versions have it, her lover. Filled with compassion for him since he could no longer fly (in some versions, it was because she wished to amuse a group of young children), Ostara turned him into a snow hare and gave him the gift of being able to run with incredible speed so he could protect himself from hunters. In remembrance of his earlier form as a bird, she also gave him the ability to lay eggs (in all the colors of the rainbow, no less), but only on one day out of each year.

Eventually the hare managed to anger the goddess Ostara, and she cast him into the skies where he would remain as the constellation Lepus (The Hare) forever positioned under the feet of the constellation Orion (the Hunter). He was allowed to return to earth once each year, but only to give away his eggs to the children attending the Ostara festivals that were held each spring. The tradition of the Easter Bunny had begun.

The Hare was sacred in many ancient traditions and was associated with the moon goddesses and the various deities of the hunt. In ancient times eating the Hare was prohibited except at Beltane (Celts) and the festival of Ostara (Anglo-Saxons), when a ritual hare-hunt would take place.

In many cultures rabbits, like eggs, were considered to be potent remedies for fertility problems. The ancient philosopher-physician Pliny the Elder prescribed rabbit meat as a cure for female sterility, and in some cultures the genitals of a hare were carried to avert barrenness.

Medieval Christians considered the hare to bring bad fortune, saying witches changed into rabbits in order to suck the cows dry. It was claimed that a witch could only be killed by a silver crucifix or a bullet when she appeared as a hare.

Given their “mad” leaping and boxing displays during mating season as well as their ability to produce up to 42 offspring each spring, it is understandable that they came to represent lust, sexuality, and excess in general. Medieval Christians considered the hare to be an evil omen, believing that witches changed into rabbits in order to suck the cows dry. It was claimed that a witch could only be killed by a silver crucifix or a bullet when she appeared as a hare.

In later Christian tradition the white Hare, when depicted at the Virgin Mary’s feet, represents triumph over lust or the flesh. The rabbit’s vigilance and speed came to represent the need to flee from sin and temptation and a reminder of the swift passage of life.

And, finally, there is a sweet Christian legend about a young rabbit who, for three days, waited anxiously for his friend, Jesus, to return to the Garden of Gethsemane, not knowing what had become of him. Early on Easter morning, Jesus returned to His favorite garden and was welcomed the little rabbit. That evening when the disciples came into the garden to pray, still unaware of the resurrection, they found a clump of beautiful larkspurs, each blossom bearing the image of a rabbit in its center as a remembrance of the little creature’s hope and faith.

Traduccion

Sentirse culpable por llegar tarde una primavera, la Diosa Ostara salvado la vida de un ave cuyas alas pobres había sido congelado por la nieve. Ella le hizo a su mascota o, en algunas versiones tiene, su amante. Llena de compasión por él, puesto que ya no puede volar (en algunas versiones, era porque quería divertirse un grupo de niños pequeños), Ostara le convirtieron en uno hace de nieve y le dio el don de ser capaz de ejecutar con increíble velocidad para que pudiera protegerse de los cazadores. En recuerdo de su forma anterior como un pájaro, también le dio la capacidad de poner huevos (en todos los colores del arco iris, nada menos), pero sólo en un día de cada año.

Con el tiempo, el cólera hace logrado la diosa Ostara, y él emitidos en los cielos, donde se mantendrá la constelación Lepus (La Liebre) coloca siempre bajo los pies de la constelación de Orión (el cazador). Se le permitió regresar a la Tierra una vez cada año, pero sólo a regalar sus huevos a los niños que asisten a la Ostara festivales que se celebra cada primavera. La tradición del Easter Bunny había empezado.

La liebre era sagrada en muchas tradiciones antiguas y se asoció con diosas de la luna y los diversos dioses de la caza. En tiempos antiguos las liebres comer estaba prohibido, excepto en Beltane (celtas) y el festival de Ostara (anglosajones), cuando hace un ritual de caza se llevaría a cabo.

En muchas culturas los conejos, al igual que los huevos, se consideraron potentes soluciones para problemas de fertilidad. El antiguo filósofo-médico prescrito Plinio el Viejo de carne de conejo como una cura para la esterilidad femenina, y, en algunas culturas los genitales de una liebre se llevaron a evitar aridez.

Medievales cristianos consideran la liebre a la mala fortuna, diciendo brujas cambió en los conejos con el fin de chupar las vacas secas. Se alegó que una bruja sólo podía ser asesinado por un crucifijo de plata o una bala, cuando ella apareció como una liebre.

Habida cuenta de su “loco” y saltando de boxeo muestra durante la temporada de apareamiento, así como su capacidad para producir hasta 42 crías cada primavera, es comprensible que llegaron a representar la lujuria, la sexualidad, y el exceso en general. Medievales cristianos consideran que la hace ser un mal augurio, en la creencia de que las brujas cambió en los conejos con el fin de chupar las vacas secas. Se alegó que una bruja sólo podía ser asesinado por un crucifijo de plata o una bala, cuando ella apareció como una liebre.

En la tradición cristiana posterior blanco Hare, cuando representa a la Virgen María los pies, representa el triunfo sobre la lujuria o la carne. El conejo y la vigilancia de la velocidad llegó a representar la necesidad de huir de la tentación y el pecado y un recordatorio de la rápida aprobación de la vida.

Y, por último, hay un dulce leyenda cristiana acerca de un conejo joven que, durante tres días, esperando ansiosamente para su amigo, Jesús, para volver al Jardín de Getsemaní, no saber qué había sido de él. Temprano en la mañana de Pascua, Jesús volvió a su favorito de jardín y se acogió con beneplácito el pequeño conejo. Esa noche, cuando los discípulos entraron en el jardín para orar, aún desconocen de la resurrección, se encontraron con un grupo de hermosas larkspurs, cada flor que lleva la imagen de un conejo en su centro como un recuerdo de la pequeña criatura de esperanza y fe.

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